Huertas estimulan el contacto con la tierra y abastecen a la escuela de alimentos saludables

Huertas estimulan el contacto con la tierra y abastecen a la escuela de alimentos saludables

El sector de producción mantiene dos huertas volcadas, principalmente, para la producción de lechuga, rúcula, remolacha, zanahoria, además de hierbas medicinales

04/05/2016

Por José Eduardo Bernardes

De la Redacción 

Captura de Tela 2016 05 04 as 16.47.24

Más de 40 personas, procedentes de 14 estados de Brasil, viven en tiempo integral en la Escuela Nacional Florestan Fernandes (ENFF), en Guararema, en el interior de São Paulo, y tantas otras pasan diariamente por allí. En un terreno de aproximadamente 120 mil metros cuadrados (m²), ellas disfrutan de las actividades de formación de la Escuela, y de prácticas educadoras. Un ejemplo de ello son las huertas agroecológicas. 

Quienes viven en la ENFF son militantes del Movimientos de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) que se dividen en sectores para el cuidado de la escuela. Cada uno desarrolla una tarea en los diferentes espacios de la unidad, como la secretaria, el almacén, la biblioteca y, para alimentarse y alimentar a estudiantes y visitantes, el sector de producción de la Escuela mantiene dos huertas. Ellas están volcadas, principalmente, a la produccion de lechuga, rúcula, remolacha, zanahoria, además de hierbas medicinales. 

>>> Conozca, en este video, un poco más de la huerta y de la pasión de aquellos que llevam alimentos libres de veneno para la mesa de quien pasa por la Escuela Nacional Florestan Fernandes:

 

                                    

 

Las huertas sirven también para restaurar el contacto de los nuevos miembros del MST con este elemento tan esencial para la vida de los y las campesinas y para presentar a las visitas las propiedades terapéuticas de la tierra. 

Lejos de los agrotóxicos, adobes artificiales, venenos y semillas transgénicas, las huertas conocidas como Jussara y Mandala ofrecen, además de hortalizas y legumbres, diversas hierbas medicinales, utilizadas en el tratamiento de quienes vivien y pasan por la Escuela. 

Celso Alves Antunes, del sector de producción y uno de los cuidadores de las huertas, apuntó que como muchos productores rurales van hacia las áreas urbanas, no todos saben lidiar con la tierra. “Aquí ellos retoman el contacto con las actividades de la huerta. Entonces, el trabajo que hacemos aquí es de recuperación. Aquí tenemos una propuesta agroecológica, que tal vez sea hasta más fácil de lo que las actividades de los antiguos campesinos, que llegaron al movimiento durante el auge de la revolución verde, con mucho uso de agrotóxicos”, explicó. 

Todos los que trabajan en la huerta dedican un cariño especial a la plantación. Manoel Bernardo da Silva, conocido como Caroço, comenzó a trabajar en la huerta en 2005. Él llegó a la Escuela Nacional Florestan Fernandes para terminar la construcción y no volvió más para Ceará, su tierra natal. “Para mí, la mejor área para trabajar en la Escuela es el sector de producción, produciendo para los compañeros que llegan. Es lo que me gusta hacer, revolver la tierra. Es mi vida, yo, inclusive, trabajo de chinelas, para tener ese contacto con la tierra”, comentó. 

Otro apasionado por ese trabajo es Luiz Adelino de Souza, Didi. Sus padres eran agricultores y el contacto con la tierra fue algo natural. Antes de entra en la lucha por la reforma agraria, él ya trabajaba con la familia en las labores de la tierra. Formado como técnico en agroecología, Didi hace lo que más le gusta en la ENFF: “trabajar la tierra”.  Su dedicación parece ganar aun más pasión cuando habla de las hierbas medicinales de la huerta Jussara.  

“La huerta medicinal es fundamental. Es una farmacia viva dentro de la Escuela. Si tuviera dolor de cabeza, alguna cosa, puedo tratarlo aquí mismo. Esa es una tradición campesina y el MST fue creado a través de estas familiar tradicionales de la tierra”, contó Didi. 

Fechar Menu